Baobabs Magazine. Diarios del alma. A paso de tortuga, pero con paso firme: Redefiniendo el éxito en la crisis de los 20.

by - febrero 18, 2026

Sinceramente, amigas, hay noches en las que el silencio de mi habitación pesa más que el cansancio. Si me hubieran preguntado a los 17 dónde estaría hoy, mi respuesta habría sido un mapa de metas brillantes. Pero a los 22, mi realidad se siente como un rompecabezas que intenté armar a la fuerza y cuyas piezas terminaron esparcidas por el suelo. Soy la menor de cuatro hermanos; los he visto a todos construir castillos sólidos, con vidas hechas y pasos firmes, mientras yo siento que sigo tratando de entender cómo se sostiene el cimiento de la mía.

A veces, el sentimiento de ir "retrasada" tiene nombre y apellido, y también tiene el peso de tres bolsas negras de basura. A los 18, en ese afán de comerme el mundo, empaqué mi vida y me fui con alguien que no sabía cuidar mi corazón ni el suyo. Me tomó tres años darme cuenta de que...
el amor no debería restarte hasta dejarte sin identidad.



 Volví a casa de mis padres con el alma rota y la vergüenza quemándome el pecho, sintiéndome la "desgracia" de la familia, la que eligió mal mientras mis hermanas eran tratadas como reinas. No sentía que iba a paso de tortuga; sentía que mi vida entera se había ido por el desagüe.

Esa sombra de insuficiencia me persigue incluso en mis pasiones. Como modelo, aprendí a caminar con la barbilla en alto, logrando ser la mejor en varias ramas, pero el precio fue una competencia feroz que te enseña a medir tu valor según cuánto opacas a la de al lado.




Hoy, cada vez que abro mis redes sociales, recibo una cachetada en la cara. Y no es solo una; son varias. Observo cómo el negocio de una conocida va viento en popa, mientras que alguna colega despega en su carrera y alguien más presume el auto que acaba de comprar. Me hago un ovillo en mi cama al ver que, ante el mundo, soy solo una máscara que se ve perfecta por fuera, pero por dentro estoy atrapada en mi propio laberinto, intentando igualar caminos ajenos sin haberme detenido a evaluar cómo realmente es el mío.






































Me cuesta horrores aceptar que lo que siento es envidia. Y ojo, no es que les desee el mal, es que no entiendo cómo mis decisiones me llevaron a este callejón de la comparación constante.

Me duele aceptar que mientras ellas parecen tener el manual de instrucciones de la vida, yo sigo tratando de leer las letras pequeñas sin mis lentes. Pero he tenido que aprender a la mala que la organización emocional toma mucho más tiempo del que una foto de Instagram puede capturar. Una imagen no muestra las noches de llanto, ni el proceso de recoger los pedazos de identidad que dejé tirados en el pasado.

En esta mudanza interna que son mis 20, he empezado a cuestionar quién escribió el guión que estoy tratando de seguir. Sí, volví a casa con tres bolsas negras, pero en esas bolsas no solo iba ropa; iba la lección más amarga sobre mi propio valor. Me quedé sin nada para poder construir algo que no dependiera de nadie más. La vergüenza de "haber elegido mal" se está transformando en el orgullo de haber tenido el coraje de irme de donde no me amaban, algo que muchas personas no logran hacer ni en toda una vida.

Mi éxito actual es haber sobrevivido a mi propio juicio. Quizás mi "paso de tortuga" es más lento porque llevo una carga más pesada en una pista de carreras que nunca fue mía. A veces siento que doy dos o tres pasos buenos hacia adelante, solo para dar cuatro pasos en falso que me hacen echar hacia atrás. Pero incluso en ese retroceso, trato de recordarme que para tomar impulso y saltar, hace falta encogerse un poco. No estoy fallando; estoy recalibrando mi brújula después de una tormenta que casi me hunde.

Esta crisis de los 20 es donde dejamos de ser lo que "deberíamos" para ser lo que somos. Tu proceso es sagrado y tu historia, con todos sus baches, es lo que te hace irrepetible. No estamos retrasadas, estamos llegando a nosotras mismas bajo nuestros propios términos.

¡Caminemos juntas!
Me encantaría que este espacio no termine aquí. Si alguna vez sientes que el paso de tortuga te agobia, búscame. Aquí tienes un refugio donde conversar sin máscaras, una taza de té reconfortante y una coach de apoyo que sabe lo que se siente recoger los pedazos de uno misma.

¿Y tú? ¿Cuál es ese "paso de tortuga" o esa victoria invisible de la que hoy te sientes orgullosa? Cuéntame tu experiencia en los comentarios, me encantará leerte y que nos acompañemos en esta mudanza.

Puedes seguirme y conectar conmigo en mis redes sociales como @bymariett. Estamos juntas en esto.

Con todo mi amor,

Mariett.

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