BAOBABS Magazine. Confesiones de Almohada. Del Te quiero al Te amo a una vida real y plena

by - marzo 09, 2026



Mírame a los ojos, pero hazlo desde ese lugar donde no necesitas mentir. Olvida por un instante que eres la mujer que siempre tiene una respuesta, la que resuelve, la que proyecta seguridad mientras camina por la oficina o lidera su propio mundo. Esta es nuestra primera columna en Baobabs Magazine, y no vine a darte consejos de alcoba. Vine a ponerle palabras a ese frío que sientes en el vientre cuando la piel de otro te toca, pero tu alma está a kilómetros de distancia.

Porque la piel tiene memoria, y a veces, la memoria pesa demasiado.

El "Te quiero" que nos posee a diario

Casi todos los días, sin darnos cuenta, estamos usando la palabra "te quiero" como un arma de doble filo. La usamos para poseer cosas —"quiero ese bolso", "quiero ese coche"— y, con la misma ligereza, la lanzamos hacia las personas. El problema es que muchos confunden esa necesidad de pertenencia con una muestra de amor real, y ahí es donde caemos en la trampa.

Nos enredamos en lazos conflictivos con amistades que nos asfixian, parejas que nos reclaman como trofeos y familias que nos exigen ser lo que no somos. Y aunque lleves tiempo diciéndote que "eso no tiene nada que ver" con lo que pasa bajo tus sábanas, la verdad es que te afecta sí o sí. Ese "te quiero" posesivo apaga la luz mucho antes de que llegues a la cama; te quita la soberanía sobre tu propia vida y, por consecuencia, sobre tu sexualidad. No puedes entregarte con libertad si te sientes una propiedad privada.


Los fantasmas que no invitaste (pero ahí están)

Seamos honestas: nadie llega a la cama sola. Todas traemos invitados. Algunas mujeres tuvieron la suerte de crecer en ambientes saludables, donde el afecto era un suelo firme. Pero muchas otras caminan sobre cristales rotos.

Hablemos de los fantasmas que nadie quiere nombrar: las familias erosionadas por el alcohol o las drogas, donde el amor era una montaña rusa de incertidumbre. Aquellas casas donde no se hablaba de emociones porque todo se "arreglaba" con dinero, dejando un vacío que ningún fajo de billetes puede llenar. Y lo más oscuro, lo que se queda grabado a fuego en la piel: el recuerdo de padrastros o figuras de confianza que querían verte o tocarte de formas indebidas, robándote la inocencia antes de tiempo.

El maltrato no siempre dejó moratones físicos; a veces fue el acoso psicológico constante en casa o el vacío cruel del colegio lo que te enseñó que tu cuerpo no era un lugar seguro. Esos fantasmas se sientan en la orilla de tu cama. Son ellos los que te hacen ser condescendiente, los que te obligan a actuar como la "madre" o la "hermana" de tu pareja, o los que te hacen activar una energía de control para que nadie pueda volver a herirte.


La estafa de la supervivencia

Cuando la comunicación falla y entra el ruido de un tercero —aunque sea una distracción "inofensiva"— es porque ya te desconectaste de tu propia piel para no sentir el dolor del pasado. Si buscas a un hombre solo porque "te resuelve" o porque es un proveedor que te da la seguridad que nunca tuviste, estás entrando en una estafa sutil. Estás negociando tu capacidad de vibrar a cambio de un refugio que, en realidad, es una cárcel.


Tu sexualidad no es una moneda de cambio ni un trámite para que no te dejen. Eres una mujer entera, con cicatrices de guerra, sí, pero con el derecho absoluto de habitar tu placer sin pedir permiso.

Ahora, quédate en silencio un segundo y pon la mano sobre tu pecho.
  • ¿Es tu placer el que guía tu cuerpo hoy, o es el miedo a que el pasado se repita?
  • ¿A quién estás intentando "pagarle" con tu entrega en la cama?

La verdad te va a erizar la piel, pero es lo único que te va a devolver la luz. Si estas palabras te tocaron una fibra que creías muerta, envíaselo a esa amiga que sabes que está fingiendo una sonrisa. Porque juntas, desde la honestidad de nuestra propia historia, es como realmente empezamos a ser libres.

Como alguien que ha dedicado años a entender que la verdadera imagen nace de adentro, te aseguro que no hay lencería que pueda vestir a una mujer que todavía no se pertenece a sí misma.


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