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En un mundo marcado por la conexión digital, lo inmediato, lo práctico, hemos olvidado que nuestro cuerpo late al ritmo de la tierra. 

Como especialista dedicada al bienestar integral, observo a diario cómo las soluciones inmediatas, terminan por alejarnos de nuestra esencia. Sin embargo, estamos viviendo un despertar, donde lo natural juega rol protagónico. Para la mujer de 25 se trata de prevención, para la de los 40 a 60 años, ya no busca una estética vacía, sino una salud coherente, se trata de vitalidad, equilibrio hormonal y longevidad. Pero definitivamente, el denominador común es la satisfacción plena y la salud óptima.


Foto. Cortesia. Leida Vergel

Hoy, el uso terapéutico de las plantas medicinales trasciende lo ancestral, la tradición, para consolidarse como la herramienta de autocuidado más sofisticada y valiosa de un estilo de vida consciente. Vivir desde un enfoque natural no significa mudarse a una montaña y renunciar a la tecnología. Significa hackear tu entorno urbano con la sabiduría de la naturaleza. 

Es entender que tu piel es un órgano absorbente y que tu sistema nervioso, necesita anclas botánicas para no colapsar ante el estrés crónico.


Y aquí juega un papel importante las plantas medicinales, aliada de tu bienestar. Como naturóloga, especialista en alimentación saludable y nutrición celular, integrar la fitoterapia, a nuestro estilo de vida saludable, abarca no solo conocer los principios activos de las plantas, sus fito-nutrientes y propiedades, como dosificarlas y consumirlas, es conectar y apoyar para brindar a cada mujer alternativas viables y útiles que pueden incorporar a su día a día, fortaleciendo y conservando la salud en óptimas condiciones, donde el enfoque esté en lo útil, práctico, estético y, sobre todo, efectivo.



Como mujer, amante de lo natural, y CEO de @elrincondelte.vzla te presento cómo las plantas pueden ser tus mejores socias estratégicas, destacando la belleza que nace del interior. La mujer actual busca opciones para mantener y conservar una piel radiante, hidratada, saludable, y dejar a un lado el maquillaje pesado para ocultar el cansancio. Ya no solo es el cuidado de la piel de manera externa, con la aplicación de costosos productos, es el momento de conectar con opciones que lubrican, hidratan, exfolian de manera natural. 

La verdadera belleza es el resultado de una inflamación baja y una buena atención y cuidado, que comienza desde nuestro interior, con una alimentación saludable, nutritiva, hidratando nuestro cuerpo con suficiente agua, té e infusiones., aprendiendo a descansar y regalarnos momentos de calidad para conectarnos con nuestra esencia.

Podemos apoyarnos con el poder de plantas como ortiga, el tomillo, la cola de caballo o la moringa para depurar la sangre, a través de una infusión o preparando un tónico para la piel, eliminando toxinas que causan acné o falta de luminosidad. Acompañada de una aromática y efectiva infusión détox a base de té verde, jengibre y diente de león para ayudar al buen funcionamiento de nuestros filtros del cuerpo como son el hígado y los riñones. O aprovechar el poder sanador de la cúrcuma con pimienta negra y moringa, antiinflamatorio y protector hepático, combinación perfecta. Muchas las alternativas para tomar y prepararnos gracias a la fitoterapia.


Si tienes entre 30 y 45 años, probablemente estás en el pico de tu carrera o gestionando una familia o ambas, momento para fortalecer tu sistema inmunológico, aquí entran los adaptógeno natural, antioxidantes que combaten los radicales libres y oxigenantes, plantas que ayudan a tu cuerpo a resistir el estrés físico y mental, aumentar tu energía, como la maca organiza, la moringa, ginseng, ashwagandha, albahaca, por mencionar algunos. También tomar una infusión de alhucema, salvia con manzanilla y valeriana a media mañana será tu aliada para mantener la calma, y sobrellevar tu ritmo laboral, estas plantas son ideales para regular el cortisol y si al llegar a casa después de una jornada muy agotadora, una aromática infusión de dormir feliz te permitirá un sueño reparador, esta combinación es un plus a base de aroma de rosas, valeriana, alhucema, menta, poleo y manzanilla, su aroma y sabor te atrapará, son algunas de las alternativas que ofrece @elrincondelte.vzla

Un aspecto importante es nuestra salud hormonal, desde la regulación del ciclo menstrual hasta la transición hacia la menopausia, aquí las plantas son nuestras mejores mediadoras. salvia, maca orgánica, artemisa, zarzaparrilla, cúrcuma son fundamentales para equilibrar los estrógenos y la progesterona, reduciendo la irritabilidad y los sofocos, permitiéndote ser dueña de tus emociones y no víctima de tus hormonas.

Y te preguntarás como incorporar todas estas opciones maravillosas que nos brinda la fitoterapia y que hoy te comparto, pues muy fácil, haciendo algunos cambios en tus hábitos de vida, en tu rutina diaria, como el ritual de la mañana, con energía herbolaria, sustituye la segunda taza de café por una infusión de jengibre, cúrcuma y canela, antiinflamatorio natural más potente del mundo y despertará tu metabolismo sin alterar tus nervios.

Continúa con una micro-dosis de bienestar en la oficina o en el lugar donde te encuentres, ten siempre a mano nuestra infusión explosión de energía, deliciosa y aromática, una explosión de sabores con frutos rojos, Jamaica, té verde endulzado con hojas de estevia, frío o caliente tu compañera ideal.

Si te cuesta concentrarte en tus actividades cotidianas, la pira podrás agregar a tu bebida preferida o en tu merienda por ser un oxigenante potente, o simplemente escoge la taza te du preferencia y llénala de la infusión relax total, te encantará, por su delicado aroma, relajante, su sabor de durazno, con flores de jazmín, malojillo y el toque de menta, será de ahora en adelante tu fiel compañera. Cuando sea el momento de la cena consciente, incorpora plantas aromáticas frescas a tus comidas y bebida romero, tomillo y albahaca, no solo dan sabor; son potentes digestivos que aseguran que tu cuerpo descanse durante la noche en lugar de luchar con una digestión pesada.

Como ves las plantas medicinales te permiten lograr una conexión y propósito, retornar a la tierra. Vivir de forma natural es una declaración de principios. En una era de inteligencia artificial y realidad virtual, tocar una hoja, oler una flor y entender los ritmos de la naturaleza nos mantiene humanas. El bienestar no es un destino, es una frecuencia. Cuando eliges una infusión sobre una bebida energizante, o un sérum botánico sobre uno lleno de nutrientes, estás enviando un mensaje a tus células: Te cuido, te respeto, te escucho. Recuerda que tu salud es tu mayor activo, como mujer moderna, tu energía es tu moneda de cambio.

No dejes que se agote. Las plantas medicinales no son solo para infusiones, son tecnología biológica perfeccionada durante milenios para mantenernos en equilibrio. Hasta una próxima donde te estaré compartiendo desde Moda Alterna, mucho más de Salud al día. 

Te invito a seguir mis redes sociales Ig. @leida.vergel @elrincondelte,Vzla

A veces siento que mi trabajo se ha vuelto una pelea constante contra la perfección. Es agotador vivir con el miedo de que un solo píxel fuera de lugar, algo casi invisible al ojo, termine arruinando metros de material en la impresora. Me paso el día enfocada en que todo encaje, cuidando que las máquinas no fallen, pero en esa batalla la que termina fallando soy yo, porque mi mente ya no puede más.


Estoy cansada de estar pegada al teclado. Me frustra la dependencia de apretar Ctrl y Z una y otra vez para borrar un error digital. Echo de menos lo real, lo tradicional, sentir el papel, ver cómo la goma de verdad se gasta mientras corrijo un boceto, por eso mis apuntes siguen siendo a mano, en libretas o en hojas sueltas. 

Es el único momento del día en el que siento que mi creatividad sigue viva y que no soy simplemente una pieza más de un engranaje. El contacto con lo físico me ayuda a no olvidar por qué elegí ser diseñadora.

Para que todo fluya sin interrupciones, alejo todos los elementos que atraigan mucha distracción. En ese momento, pasar el marcador sobre un trazo de lápiz se vuelve un ejercicio de honestidad, acepto que puedo equivocarme y que ese error es lo que me libera del peso del estrés.

Recuperar esta conexión es algo que podemos integrar en nuestra rutina sin necesidad de grandes cambios. Una forma natural de hacerlo es empezar la mañana con unos minutos de dibujo libre, antes incluso de encender la computadora. 

No tiene que ser algo bonito o muy detallado, simplemente se trata de mover la mano sobre el papel para despertar la mente antes de entrar en la rigidez de la pantalla. También ayuda mucho el proponerse que cada idea, por muy digital que sea el resultado final, nazca primero en una libreta, resolver los problemas de diseño a mano nos devuelve una seguridad que el software no puede imitar.

Via: SkillShare

Al final de una jornada intensa, dedicar un momento a delinear o colorear de forma rítmica funciona como la señal definitiva de que el trabajo ha terminado. 

Es el gesto físico que nos permite soltar la carga de los grandes proyectos, devolviéndonos la calma y la capacidad de concentrarnos en lo que realmente importa, nuestra propia chispa creativa.

Via: TuKit

Marla Rodriguez
 Instagram: @marlafrg25 

​Mírate al espejo un segundo. Pero no lo hagas como solemos hacerlo: buscando la línea de expresión nueva, el rastro del cansancio o ese detalle que juramos arreglar mañana. Mírate a los ojos y reconócete; debajo de todas esas capas de roles —la profesional, madre, hija, amiga incondicional, esposa, hermana— estás tú. Una mujer que siente, que vibra y que, a veces, se olvida de que su primer y más grande amor debe ser ella misma.

De mujer a mujer, desde este rincón donde las emociones están a flor de piel. Quiero invitarte a detener el reloj, a soltar las cargas que no te corresponden y a entender que amarte no es un destino, sino un hábito que se cultiva en los pequeños detalles.

 A veces nos movemos por la vida en piloto automático, a mí me ha ocurrido en algunos momentos, exigiendo al cuerpo que rinda sin darle descanso y a la mente que solucione problemas sin darle paz, pero sabes, no somos máquinas de productividad. Somos seres cíclicos, conectadas con el planeta, nuestro bienestar físico y mental es el combustible que mantiene encendida nuestra luz.


Cuidarte no es un lujo ni un acto de egoísmo; es una acción de supervivencia y de respeto a nuestro ser. Cuando decides dormir una hora más, cuando eliges pensamientos que te nutren en lugar de criticarte, estás diciéndole al universo: Merezco estar bien, es mi derecho. Y es ahí, en ese estado de plenitud, donde recuperas la energía para conquistar tus sueños. Y yo particularmente me apoyo de la Magia de lo natural con mi Taza preferida y una in fusión.

¿Alguna vez has sentido cómo el aroma de una bebida caliente parece abrazar el alma? La naturaleza, en su infinita sabiduría, nos ha regalado medicina pura en forma de hojas, flores y raíces. Integrar el poder de las plantas en tu rutina diaria es una forma íntima de reconectar con tu esencia. Para esos momentos donde el mundo pesa: El abrazo de la calma; hay días en los que el ruido externo es demasiado fuerte. Para esos cierres de jornada, o para esos instantes de pausa necesaria, busca el refugio de las flores es una excelente opción. 

Como naturóloga me gusta tomar las infusiones de manzanilla y tilo, son como un bálsamo para el sistema nervioso, ideales para soltar la tensión acumulada en los hombros. La lavanda y aroma de Rosas no solo relajan tu cuerpo, sino que elevan tu vibración, nos recuerda nuestra feminidad y delicadeza, mientras aquieta los pensamientos intrusivos. Y la valeriana es aliada perfecta cuando el insomnio asoma, permitiéndote un descanso profundo donde el cuerpo realmente se regenera.



Otras mañanas nos levantamos necesitando un impulso, una chispa que encienda nuestra creatividad y determinación. En lugar de optar por la ansiedad de la cafeína en exceso, prueba la energía vital del té verde, un antioxidante poderoso que despierta tu mente con claridad y enfoque. El jengibre y la maca nos anclan a la al aquí y al ahora, mientras nos aportan una fuerza vital increíble. La maca es especialmente bondadosa con nuestro equilibrio hormonal y nos fortalece, para esos proyectos que requieren toda tu atención, dándote esa resistencia física y mental que te hace sentir imparable.

​Un Ritual de Amor Propio

Y hoy te propongo un ritual de Amor propio. Mañana, cuando prepares tu infusión, no lo hagas con prisa. Haz de ese momento un ritual de presencia. Siente el calor de la taza entre tus manos, respira el vapor que emana, y te conecta con el bienestar, la salud, la belleza, el placer; saborea cada sorbo como si fuera un regalo. Esa bebida no es solo agua y plantas; es tiempo que te estás dedicando a ti. Es un mensaje directo a tu subconsciente que dice: Estoy aquí para mí. Recuerda: amarnos a nosotras mismas es un romance que dura toda la vida, y como todo buen amor, necesita ser alimentado con mimos, paciencia y mucha ternura.

Tú eres tu prioridad, no esperes a estar agotada o perder la salud para buscar el bienestar. No esperes a que alguien más te valide para sentirte hermosa. La verdadera belleza nace de una mujer que se siente bien en su propia piel, que conoce sus sombras y abraza sus luces. Llénate de energía, cuida tu salud mental como el tesoro más preciado y permítete disfrutar de los placeres simples. Una taza de té o de una infusión preferida, un suspiro profundo, un pensamiento amable hacia ti misma... esos son los ladrillos con los que construyes una vida extraordinaria.


​Que, al leer estas líneas, sientas un cosquilleo en el pecho que te impulse a decir: Elijo amarme un poco más. Porque cuando una mujer sana y se fortalece, todo su entorno se transforma con ella. Brindo por ti, por tu fuerza y por tu paz.

Naturóloga y motivadora @leida.vergel @elrincondelte.vzla

¿Cuántos días hay para conmemorar a una mujer? ¿Cuál es el día correcto? La respuesta es simple: todos.

Solemos marcar el 8 de marzo en el calendario como el recordatorio principal, pero la historia nos pide mirar un poco más allá. Si el Día de la Mujer nace de la lucha, ¿por qué no honrar también el 25 de marzo? Fue en esa fecha, en 1911, cuando el humo de la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York nos dejó una cifra que no podemos olvidar: 146. Ciento cuarenta y seis vidas, en su mayoría mujeres jóvenes e inmigrantes, cuya tragedia se convirtió en el eco que impulsó las leyes laborales que hoy nos protegen.

Vía Pinterest


Solo las recordamos a ellas; recordamos a las miles de mujeres que, a lo largo de los siglos, han transformado el dolor en resiliencia. A menudo, el mundo intenta asociar la feminidad únicamente con la ternura, la inocencia o la fragilidad. Sin embargo, si miramos la historia —y nuestra propia naturaleza—, descubrimos que somos todo lo contrario.

La fuerza no es la ausencia de vulnerabilidad, sino la capacidad de avanzar a pesar de ella.
Vía Pinterest

Traer vida al mundo es un acto de valentía y resistencia; conquistar espacios profesionales ha sido una batalla de ingenio; y sostener hogares y comunidades es una labor de liderazgo constante. Estamos aquí gracias a las "guerreras" que nos precedieron.

Como bien decía la filósofa Simone de Beauvoir: "Basta una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados". Por eso, cuando te sientas pequeña o dudes de tu propósito, recuerda que por tus venas corre la herencia de quienes no se rindieron.
Vía Pinterest

Hoy tienes el poder de decidir lo que dicta tu corazón, no lo que impone una expectativa social. Hazlo por ti, y hazlo también por aquellas mujeres cuya voz aún es silenciada por contextos difíciles. Habla por ellas, crece por ellas y, sobre todo, brilla por ti.

No importa el desafío que enfrentes hoy: eres valiosa, eres capaz y eres poderosa. Abraza a las mujeres que te rodean, reconoce su fuego y celebremos que, juntas, somos una historia que aún se está escribiendo. Un abrazo virtual a cada lectora: estoy segura de que eres una mujer increíble.



Directora Editorial.
Diseñadora Gráfica
Content Creator.
@luisanaapetit



A veces el mundo moderno se vuelve demasiado estridente. Como diseñadora gráfica que dibuja por hobby, paso gran parte del día frente a la pantalla, lidiando con pixeles perfectos. Por eso, cuando me hace falta recordar porqué me apasiona el arte, siempre vuelvo a las colinas verdes de “Mi Vecino Totoro”.     

via Pinterest

La “Ghibli Aesthetic” no es solo una tendencia de internet, es una filosofía visual y sonora que nos enseña a respirar.

Lo que hace que las películas de Hayao Miyazaki sean diferentes, es su valentía para no hacer nada, en el cine convencional, cada segundo debe tener acción. En Ghibli, existen momentos de vacío.

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Sus encuadres suelen ser abiertos, dándole aire a los personajes y permitiendo que el entorno sea un protagonista más. Ver a un personaje cocinar ramen o preparar el té con una dedicación casi sagrada, nos recuerda que la vida ocurre en los detalles pequeños.

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No puedes entender la paz que da sin la música de Joe Hisashi, sus composiciones están basadas en melodías minimalistas de piano que evolucionan hacia orquestas nostálgicas, no busca manipular emociones, sino acompañar tu soledad.

 Studio Ghibli tiene el extraño superpoder de significar algo distinto pero vital para cada etapa de la vida:

A los niños les ofrece un mundo donde la naturaleza es mágica y la curiosidad es su mejor herramienta.

En los jóvenes, resuena con la búsqueda de identidad y la melancolía del primer amor o la primera pérdida (como en “Susurros Del Corazón”).

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En los adultos, es un recordatorio de la resiliencia y de que, a pesar del trabajo y las responsabilidades, la chispa de la maravilla sigue ahí.

No necesitas vivir en una cabaña en Japón, puedes aplicarlo hoy mismo:

En el arte, deja de buscar la perfección digital, abraza el error, la textura del papel y la saturación natural de los colores.

En casa, crea espacios de silencio o acompaña tus tareas con bandas sonoras, permitiendo que tu mente pueda divagar. Dale importancia a lo cotidiano.

En un mundo que nos pide ser productivos cada segundo, descansar es un hábito de rebeldía. La estética de Ghibli nos dice que somos suficientes, que la naturaleza nos espera y que la suavidad es fuerza.    

Marla Rodríguez (Cuentas de Instagram: @marlafrg25 y @marodgraphics.ve)




Mírame a los ojos, pero hazlo desde ese lugar donde no necesitas mentir. Olvida por un instante que eres la mujer que siempre tiene una respuesta, la que resuelve, la que proyecta seguridad mientras camina por la oficina o lidera su propio mundo. Esta es nuestra primera columna en Baobabs Magazine, y no vine a darte consejos de alcoba. Vine a ponerle palabras a ese frío que sientes en el vientre cuando la piel de otro te toca, pero tu alma está a kilómetros de distancia.

Porque la piel tiene memoria, y a veces, la memoria pesa demasiado.

El "Te quiero" que nos posee a diario

Casi todos los días, sin darnos cuenta, estamos usando la palabra "te quiero" como un arma de doble filo. La usamos para poseer cosas —"quiero ese bolso", "quiero ese coche"— y, con la misma ligereza, la lanzamos hacia las personas. El problema es que muchos confunden esa necesidad de pertenencia con una muestra de amor real, y ahí es donde caemos en la trampa.

Nos enredamos en lazos conflictivos con amistades que nos asfixian, parejas que nos reclaman como trofeos y familias que nos exigen ser lo que no somos. Y aunque lleves tiempo diciéndote que "eso no tiene nada que ver" con lo que pasa bajo tus sábanas, la verdad es que te afecta sí o sí. Ese "te quiero" posesivo apaga la luz mucho antes de que llegues a la cama; te quita la soberanía sobre tu propia vida y, por consecuencia, sobre tu sexualidad. No puedes entregarte con libertad si te sientes una propiedad privada.


Los fantasmas que no invitaste (pero ahí están)

Seamos honestas: nadie llega a la cama sola. Todas traemos invitados. Algunas mujeres tuvieron la suerte de crecer en ambientes saludables, donde el afecto era un suelo firme. Pero muchas otras caminan sobre cristales rotos.

Hablemos de los fantasmas que nadie quiere nombrar: las familias erosionadas por el alcohol o las drogas, donde el amor era una montaña rusa de incertidumbre. Aquellas casas donde no se hablaba de emociones porque todo se "arreglaba" con dinero, dejando un vacío que ningún fajo de billetes puede llenar. Y lo más oscuro, lo que se queda grabado a fuego en la piel: el recuerdo de padrastros o figuras de confianza que querían verte o tocarte de formas indebidas, robándote la inocencia antes de tiempo.

El maltrato no siempre dejó moratones físicos; a veces fue el acoso psicológico constante en casa o el vacío cruel del colegio lo que te enseñó que tu cuerpo no era un lugar seguro. Esos fantasmas se sientan en la orilla de tu cama. Son ellos los que te hacen ser condescendiente, los que te obligan a actuar como la "madre" o la "hermana" de tu pareja, o los que te hacen activar una energía de control para que nadie pueda volver a herirte.


La estafa de la supervivencia

Cuando la comunicación falla y entra el ruido de un tercero —aunque sea una distracción "inofensiva"— es porque ya te desconectaste de tu propia piel para no sentir el dolor del pasado. Si buscas a un hombre solo porque "te resuelve" o porque es un proveedor que te da la seguridad que nunca tuviste, estás entrando en una estafa sutil. Estás negociando tu capacidad de vibrar a cambio de un refugio que, en realidad, es una cárcel.


Tu sexualidad no es una moneda de cambio ni un trámite para que no te dejen. Eres una mujer entera, con cicatrices de guerra, sí, pero con el derecho absoluto de habitar tu placer sin pedir permiso.

Ahora, quédate en silencio un segundo y pon la mano sobre tu pecho.
  • ¿Es tu placer el que guía tu cuerpo hoy, o es el miedo a que el pasado se repita?
  • ¿A quién estás intentando "pagarle" con tu entrega en la cama?

La verdad te va a erizar la piel, pero es lo único que te va a devolver la luz. Si estas palabras te tocaron una fibra que creías muerta, envíaselo a esa amiga que sabes que está fingiendo una sonrisa. Porque juntas, desde la honestidad de nuestra propia historia, es como realmente empezamos a ser libres.

Como alguien que ha dedicado años a entender que la verdadera imagen nace de adentro, te aseguro que no hay lencería que pueda vestir a una mujer que todavía no se pertenece a sí misma.






Soy Merverling con un poco más de medio siglo de existencia, encargada de las columnas de Gastronomía y las de Estilos de vida - Lifestyle de cuál? De la mía, de la de mi amiga o de la de una desconocida, basado en creencias, culturas y costumbres individuales o dictadas por una porción de la sociedad.


Haz visto en algún comentario en redes la frase...Encontré mi tribu!? Haz sentido que perteneces a un grupo, que se siente atraída por una misma cosa, deporte actividad o tendencia? Permite que Baobabs sea una ventana donde podrás conocer que hacen las personas hoy, y con la mejor de las suertes te veas reflejada en uno de los artículos.

Mujeres que viajan, que aprenden Padel, bailan salsa o hacen Yoga. Que crían Búlgaros y alimentan masa madre. Que le hablan a sus plantas o se abren ante el mundo por medio de un Podcast.


Lo que te puedo decir de mi hoy...es que estoy aquí ahora! y eso es suficiente.

Un día cuando creí estar viviendo mi segundo intento recibí un diagnóstico de Cáncer a una etapa avanzada de eso han pasado tres años y continúo en tratamiento y comprendo que ese nuevo intento se reinicia cada día.

Me aferró a la vida cocinando para los míos, siendo la comida mi mejor lenguaje de amor, y revisando fotos viejas para agregar a mi columna para presentarme ante ustedes noté que tenía muchas fotos de mis piernas, mis pies y el suelo en donde estaba en determinado momento. Fotos de antes del diagnóstico cuando me sentía plena trabajando siendo una mujer independiente y segura por esa nueva vida. Costumbre que continué haciendo aún en mi situación de salud, porque afortunadamente siempre he tenido claro que "hoy" es el día más importante de mi vida, y mañana me repetiré la misma frase.


Hoy no les traigo una receta de "Sabores que abrazan" de esas que se hacen y se degustan hoy quiero compartir una pequeña receta para la vida.

Si sientes que tuviste que empezar de cero 0 en realidad has tenido que empezar de 100, tal vez no en lo material pero si en la experiencia que te ha dejado lo vivido, lo aprendido. Así que si superaste una depresión o estás dispuesta a salir de ese hoyo oscuro.

Si saliste de una relación antipática con un familiar pareja y/o amigo, si te tocó volver a empezar en otra ciudad, en otro país o volver a donde creciste, meter tu vida en una maleta o en tres bolsas te invito a tomar tu celular y enfocar tus piernas, tus pies y parte del suelo y hacer una foto. Una foto que será el registro visual de ese momento, es el anclaje y el grito interno de "Estoy aquí Ahora y eso es lo que cuenta".


Hazlo cuantas veces en la semana quieras no necesitas estar con tu mejor par de zapatos, con la peli perfecta o en el suelo de Mármol de un lugar elegante basta con dejar evidencia a ti misma de que a pesar de... la historia, Tú historia se seguirá escribiendo.

Celebrate! Estás aquí ahora! 

Merverling G. Morales L. (@moralesmerverling en Instagram) 



Hoy quiero contarle mi conexión a la plenitud, soy Leída Vergel, docente de profesión, con estudios de postgrado,  profesora  universitaria  por más  de  20 años,  que  conjugué  con consultoría en el mundo motivacional. A nivel personal pasé por un momento fuerte de salud que me hizo tomar decisiones contundentes sobre mi estilo de vida, hice cambios radicales, en lo laboral cómo en el cuidado de mi cuerpo. 


Mi historia en el bienestar no empezó en un gimnasio, comenzó en mi hogar, en la tradición familiar. Desde pequeña, mi madre preparaba infusiones, remedios caseros con plantas, que me hacían sentir muy a gusto y me permitió entender y apreciar el respeto por la naturaleza como fuente de vida.   Esos recuerdos se quedaron grabados en mí, aunque durante mucho tiempo los dejé en pausa. La vida adulta, las responsabilidades y el ritmo acelerado me hicieron olvidar que lo más simple suele ser lo más poderoso. 

Hasta que un día, mi cuerpo me habló. No con palabras, sino con señales: colapse, mi columna se vio afectada, con movilidad comprometida, fue necesaria una intervención quirúrgica y una toma de decisión contundente, me cambio la vida, decidí volver a lo esencial, volver a lo natural, volver a mí. Los cambios que viví la transformación no ocurrió de la noche a la mañana. Fue un proceso de pequeños pasos que, juntos, hicieron una gran diferencia. 


Hoy, después de años de transformación, puedo decir que encontré mi propósito en el mundo del wellness. No fue un camino lineal ni perfecto, pero sí profundamente humano, lleno de aprendizajes, cambios de hábitos y descubrimientos que me llevaron a reconectar con lo que siempre estuvo dentro de mí: el amor por lo natural, la belleza que nace de la salud y la certeza de que el cuerpo es un templo que merece cuidado y respeto.

Sinceramente, amigas, hay noches en las que el silencio de mi habitación pesa más que el cansancio. Si me hubieran preguntado a los 17 dónde estaría hoy, mi respuesta habría sido un mapa de metas brillantes. Pero a los 22, mi realidad se siente como un rompecabezas que intenté armar a la fuerza y cuyas piezas terminaron esparcidas por el suelo. Soy la menor de cuatro hermanos; los he visto a todos construir castillos sólidos, con vidas hechas y pasos firmes, mientras yo siento que sigo tratando de entender cómo se sostiene el cimiento de la mía.

A veces, el sentimiento de ir "retrasada" tiene nombre y apellido, y también tiene el peso de tres bolsas negras de basura. A los 18, en ese afán de comerme el mundo, empaqué mi vida y me fui con alguien que no sabía cuidar mi corazón ni el suyo. Me tomó tres años darme cuenta de que...
el amor no debería restarte hasta dejarte sin identidad.



 Volví a casa de mis padres con el alma rota y la vergüenza quemándome el pecho, sintiéndome la "desgracia" de la familia, la que eligió mal mientras mis hermanas eran tratadas como reinas. No sentía que iba a paso de tortuga; sentía que mi vida entera se había ido por el desagüe.

Esa sombra de insuficiencia me persigue incluso en mis pasiones. Como modelo, aprendí a caminar con la barbilla en alto, logrando ser la mejor en varias ramas, pero el precio fue una competencia feroz que te enseña a medir tu valor según cuánto opacas a la de al lado.




Hoy, cada vez que abro mis redes sociales, recibo una cachetada en la cara. Y no es solo una; son varias. Observo cómo el negocio de una conocida va viento en popa, mientras que alguna colega despega en su carrera y alguien más presume el auto que acaba de comprar. Me hago un ovillo en mi cama al ver que, ante el mundo, soy solo una máscara que se ve perfecta por fuera, pero por dentro estoy atrapada en mi propio laberinto, intentando igualar caminos ajenos sin haberme detenido a evaluar cómo realmente es el mío.






































Me cuesta horrores aceptar que lo que siento es envidia. Y ojo, no es que les desee el mal, es que no entiendo cómo mis decisiones me llevaron a este callejón de la comparación constante.

Me duele aceptar que mientras ellas parecen tener el manual de instrucciones de la vida, yo sigo tratando de leer las letras pequeñas sin mis lentes. Pero he tenido que aprender a la mala que la organización emocional toma mucho más tiempo del que una foto de Instagram puede capturar. Una imagen no muestra las noches de llanto, ni el proceso de recoger los pedazos de identidad que dejé tirados en el pasado.

En esta mudanza interna que son mis 20, he empezado a cuestionar quién escribió el guión que estoy tratando de seguir. Sí, volví a casa con tres bolsas negras, pero en esas bolsas no solo iba ropa; iba la lección más amarga sobre mi propio valor. Me quedé sin nada para poder construir algo que no dependiera de nadie más. La vergüenza de "haber elegido mal" se está transformando en el orgullo de haber tenido el coraje de irme de donde no me amaban, algo que muchas personas no logran hacer ni en toda una vida.

Mi éxito actual es haber sobrevivido a mi propio juicio. Quizás mi "paso de tortuga" es más lento porque llevo una carga más pesada en una pista de carreras que nunca fue mía. A veces siento que doy dos o tres pasos buenos hacia adelante, solo para dar cuatro pasos en falso que me hacen echar hacia atrás. Pero incluso en ese retroceso, trato de recordarme que para tomar impulso y saltar, hace falta encogerse un poco. No estoy fallando; estoy recalibrando mi brújula después de una tormenta que casi me hunde.

Esta crisis de los 20 es donde dejamos de ser lo que "deberíamos" para ser lo que somos. Tu proceso es sagrado y tu historia, con todos sus baches, es lo que te hace irrepetible. No estamos retrasadas, estamos llegando a nosotras mismas bajo nuestros propios términos.

¡Caminemos juntas!
Me encantaría que este espacio no termine aquí. Si alguna vez sientes que el paso de tortuga te agobia, búscame. Aquí tienes un refugio donde conversar sin máscaras, una taza de té reconfortante y una coach de apoyo que sabe lo que se siente recoger los pedazos de uno misma.

¿Y tú? ¿Cuál es ese "paso de tortuga" o esa victoria invisible de la que hoy te sientes orgullosa? Cuéntame tu experiencia en los comentarios, me encantará leerte y que nos acompañemos en esta mudanza.

Puedes seguirme y conectar conmigo en mis redes sociales como @bymariett. Estamos juntas en esto.

Con todo mi amor,

Mariett.

En el ecosistema de Pokémon, existen personajes animados que representan la agilidad o la mística. Sin embargo, para diseñadores gráficos, directores de arte, escritores y artistas, hay uno que resuena con una precisión casi dolorosa: Psyduck, Pokémon de tipo agua.

Milena Gorosito via Pinterest

Ilustración via Pinterest.

Este pato amarillo, que demuestra su confusión sosteniendo su cabeza con ambas manos, se ha convertido en la mascota no oficial de la parálisis creativa. Más allá de ser un meme, es la representación de como se siente el cerebro de un creativo poco entendido bajo la presión de la hoja, lienzo o diseño en blanco.

Foto via: B2STest en Pinterest

Para quienes no están familiarizados, su historia es simple pero trágica: sufre de dolores de cabeza severos. Cuando el dolor se vuelve insoportable, libera poderes psíquicos tan devastadores, que hacen que no recuerde nada al instante.

En la industria creativa, es el pan de cada día, tener migraña por el choque de falta de inspiración en el lóbulo frontal, al momento de recibir requerimientos o cambios de ultima hora del cliente. En el diseño, a veces las mejores soluciones vienen de la tensión acumulada que obliga a romper el molde.

Fotografia via Freepik


Lo fascinante de la metáfora de Psyduck es, que su poder surge de su jaqueca como consecuencia del bloqueo mental.


Al igual que el, el creativo moderno lidia con exceso de información, y por eso el cerebro procesa detalles que aun no se pueden explicar.

La próxima vez que te encuentres frente al monitor con la mirada desenfocada, no te desesperes, estas en tu “fase Psyduck”. El dolor de cabeza es la señal de un estallido de genialidad, que con suerte recordaras lo suficiente para guardar el archivo final.

Marla Rodriguez (@marlafrg25 en Instagram)


Todavía tengo el sabor de las peras con ricota y ese picor suave en la garganta de nuestro último encuentro... una mezcla que, como las mejores mentiras, entra dulce antes de revelar su verdadera naturaleza.

Y de naturalezas ocultas, de fachadas impecables y de lo que escondemos bajo la alfombra persa, es de lo que vamos a hablar hoy.

Ayer me descalcé y entré, casi de puntillas a volver a ver The Housemaid (La Asistenta). No te voy a contar el final, porque robarte el misterio sería como encender la luz en medio de una cena a la luz de las velas: rompe la magia y muestra las grietas de la pared. Quiero, en cambio, llevarte de la mano por ese pasillo largo y silencioso de una casa en Great Neck, Long Island, donde el lujo no grita, susurra.




Esta película es un espejo de cuerpo entero.

Mírate en Millie (Sydney Sweeney). ¿Alguna vez has sentido ese cansancio en los huesos, esa urgencia de que alguien te abra la puerta a una vida mejor? Millie llega a la mansión de los Winchester buscando refugio, un sueldo, un respiro de su pasado. Y la casa... Dios, la casa.

Crédito: BF Distribution

Hablemos del diseño, porque aquí las paredes hablan.

La dirección de arte es una trampa de terciopelo. Todo abajo es amplitud, luz y esa porcelana heredada que brilla con una frialdad casi clínica. Es el escenario de la "vida perfecta". Pero luego subes al ático. Tu habitación. Un espacio pequeño, con una ventana sellada y una puerta que —y aquí es donde se te eriza la piel— se cierra con llave desde afuera.

¿Te has sentido alguna vez encerrada en una situación que por fuera parecía un palacio?

El vestuario también juega a las escondidas. Fíjate en Nina (Amanda Seyfried). Sus ropas son la armadura de la "esposa rica": telas suaves, cortes impecables, colores que dicen "no toco nada sucio". Pero si miras de cerca, verás que esa perfección es una camisa de fuerza. Y Millie, con su uniforme, se pone otra piel. La ropa aquí no cubre, disfraza. Nos dice quién tiene el poder y quién, supuestamente, solo obedece.

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Pero en este juego de ajedrez, las reinas se mueven de formas extrañas.

Nina parece la villana de manual: errática, exigente, imposible. Andrew (Brandon Sklenar) es el marido paciente, el hombre guapo que te mira con compasión cuando rompes un plato. Es tan fácil querer que él te salve. Es tan fácil caer en la trampa de los ojos tristes de un hombre poderoso.

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Pero te advierto: en esta casa, nada es gratis. Ni la ropa de marca, ni las cenas, ni la amabilidad.

Lo que Paul Feig ha tejido aquí no es solo una película; es la primera pieza de un rompecabezas más grande. Esta historia nace de la pluma de Freida McFadden y es parte de una trilogía. Sí, agárrate, porque ya se ha confirmado que viene una secuela basada en el segundo libro, El secreto de la asistenta. Así que lo que verás no termina cuando corren los créditos; la historia de estas mujeres sigue respirando.

No la veas solo por el suspenso. Vévela para preguntarte: si te ofrecieran la llave de una jaula de oro, ¿te darías cuenta de que es una jaula antes de escuchar el clic del cerrojo?

Déjate atrapar. A veces, necesitamos ver la oscuridad de otros para reconocer la nuestra.

Te espero en el silencio de los comentarios.




Son las 7:00 AM, la casa tiene ese silencio particular de los espacios que se habitan de a uno. No hay pasos ajenos, solo el roce de mis pies descalzos contra la ceramica fría y el maullido impaciente de mi gato, que no entiende de existencialismos, solo de hambre. Le sirvo su comida y me quedo un segundo mirando cómo la luz entra sesgada por la ventana, iluminando el polvo que flota como partículas de oro viejo.

No me visto para impresionar. Me pongo la ropa de correr, esa que ya tiene la forma de mis rodillas, y salgo.

No corro porque huya de nadie, ni por esa obsesión 2.0 de "La mejor versión de mí misma". Corro de camino al súper, porque necesito sentir que el corazón late rapidito, aun estoy viva. Necesito ese je ne sais quoi en el pecho que me confirma, llena de adrenalina, que sigo aquí. Que sigo siendo un cuerpo caliente en un mundo que a veces se siente de hielo. Somos un parpadeo, un suspiro atrapado entre dos nadas, y mientras mis zapatillas golpean el asfalto, repito tu nombre hacia adentro.

Compro las peras. Tienen que ser firmes, de esas que se resisten un poco al tacto. Compro la ricota, las nueces, el anís estrellado. Vuelvo a casa con la bolsa pesando en el hombro, esa carga dulce de quien sabe que va a cocinar para el alma.

Al entrar, Caracas me recibe de golpe. Mis padres siempre tuvieron esa fascinación casi arquitectónica por las vistas amplias, y desde este ventanal, la ciudad es una panorámica de 360 grados que respira. El Ávila está ahí, impasible, verde oscuro, tragándose las nubes. Me quedo quieta, sudada, mirando la montaña. En esta soledad no hay eco, solo verdad.

Ducha fría. El agua helada cayendo sobre la nuca, cerrando los poros, despertando los nervios. Me cambio, me pongo algo suave y busco esos audífonos vintage enormes que dejé cargando toda la noche. Me aíslo. Le doy play a la banda sonora de The Whale. Los violines melancólicos empiezan a llenar el espacio entre mis orejas y el resto del mundo.


Es hora.

Hubo un tiempo en que este plato era solo peras, un poco de vino y queso. Era para "salir del paso". Pero tú me enseñaste que nada que entre a la boca debe ser a la ligera. Tú, que ya no ocupas espacio físico pero que abarcas todo mi espacio mental, me hiciste creer que yo podía ser todo eso que soñaba cuando cerraba los ojos muy fuerte. Fuiste quien elevó mi alma. Por eso, este plato tuvo que crecer. Tuvo que dejar de ser simple para volverse complejo. Tuvo que encontrar su umami.


El Ritual
  • El horno ya ruge a 200 °C (400 °F). El calor empieza a oler a promesa.
  • Corto las peras. El cuchillo atraviesa la pulpa y las coloco con el corte hacia arriba, vulnerables, en la bandeja. Las unto con mantequilla —o aceite, si el día pide ligereza— y las abandono al fuego.
  • Veinte minutos. Mientras la piel de la fruta se dora y la carne cede, busco las galletas María. En mi país son religión. Son redondas, finas, crujientes. Las tomo y las trituro con las manos. No uso procesador; necesito sentir cómo se quiebran bajo mis dedos, convirtiéndose en tierra dulce. Esta será la cama.
  • En un tazón, mezclo la ricota con miel y nueces, buscando esa textura rústica. Pero hoy, en tu honor, saco el helado artesanal de Ponche Crema que hice días atrás. Ese sabor a huevo, licor y fiesta decembrina venezolana.
  • Y aquí viene la alquimia: en una ollita, caliento miel o un sirope de azúcar morena con anís estrellado y un toque atrevido de pimienta de cayena. El picante no es para agredir, es para despertar. Es el recordatorio de que el amor, el de verdad, siempre pica un poco.


Saco las peras. Humbean.



Monto el plato: la tierra de galletas María abajo, la pera asada encima, la bola de helado de Ponche Crema coronando el calor y, finalmente, dejo caer el hilo de miel picante con anís.

Me voy a la sala con el plato en la mano. No me siento a la mesa. Me hundo en el sofá y enciendo la pantalla.

Ahí está Sydney Sweeney. Quizás es La Asistenta o La Empleada —esa historia que sale de la tinta de Freida McFadden—, donde la inocencia es solo un velo para la supervivencia. Es una tragicomedia, sí. Quizás un cliché para la mirada masculina que solo ve la superficie, pero nosotras, que leemos entre líneas, sabemos que es tan real que asusta. Es la historia de las mujeres que idealizaron al principe azul. pero tambien de quienes limpian, que observan, que callan y que, eventualmente, explotan.


Miro la película, pero en realidad estoy saboreando el contraste.
El frío del helado contra el calor de la pera.
Lo dulce del ponche contra el ardor sutil de la cayena.
La suavidad de la fruta contra el crujido de la nuez y la galleta.
Cierro los ojos. El umami me inunda la boca, esa sensación de "lo sabroso" que va más allá del gusto y se clava en la memoria.

No estás aquí para probarlo. Y al mismo tiempo, nunca has estado más presente que en este bocado que me inventé para decirte, sin palabras, que sigo aquí. Que sigo soñando. Y que la vida, a pesar de la ausencia, sigue teniendo un sabor extraordinario.
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